Nuestra misión es dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar.

Valores Maristas

Espíritu de familia

Vivimos el amor fraterno y el calor de la familia en nuestras comunidades educativas y transparentamos nuestra unidad e interculturalidad. Entregamos la calidad de nuestra relación a los hermanos y laicos, niños, niñas y jóvenes, y mostramos también el amor de familia a todas las personas de nuestro entorno.

Al estilo de María

Amamos a María y la reconocemos como madre, educadora en Nazaret y discípula entre los discípulos de Jesús. Reproducimos las actitudes de María en nuestra vida cotidiana y somos sus rostros visibles para nuestra vida y misión.

Amor al trabajo

Contribuimos al don creador de Dios con un trabajo responsable y creativo, poniendo amor, esfuerzo, entrega y alegría en el empeño cotidiano por la calidad, en actitud permanente de servicio. Nos hacemos responsables de la misión encomendada, sintiendo la satisfacción del deber cumplido, enriqueciendo así la creación entera.

Audacia

Observamos las situaciones emergentes, interpretamos los signos de los tiempos y nos comprometemos valientemente con las mejores soluciones transformadoras. Damos testimonio vivo de la entrega y somos constructores de una vida mejor para los que participan de nuestra vida y misión. Asumimos riesgos de forma responsable.

Profecía

Somos testimonio de la buena nueva en cada una de las realidades de nuestra Provincia. Denunciamos las situaciones inhumanas de nuestro entorno, promovemos los derechos de los NNAJ y anunciamos nueva vida entre ellos. Somos audaces en la solidaridad y fraternidad.

Sencillez y humildad

Vivimos al estilo de nuestros orígenes y del espíritu de Nazaret, con el deseo de construir un nuevo Hermitage para nuestra vida y misión. Adoptamos un modo de vida sobrio, auténtico y horizontal en toda nuestra vida y misión marista con actitudes de transparencia, bondad, humanidad y acogida.

Presencia significativa

Estamos entre los niños, niñas y jóvenes. Procuramos así la cercanía que da confianza, la prevención que dignifica y la atención a la realidad de cada uno, en actitud de respeto, escucha y acogida. Nos mostramos cercanos física y emocionalmente a cada persona que la misión nos encomienda, acompañando especialmente sus situaciones más críticas y generando vínculos positivos.